viernes, 2 de enero de 2015

Aullido

ALVARO LUGOSI

a Allen Ginsberg

Medio siglo después puedo ver como las mentes mas brillantes (y encima tengo la maldición de que sean contemporáneos míos) están embobados en mamparas de cristal.
Desairar al sentimental. La única usanza que no aburre.
Pasan años ocultándose 

Del hipnotizado mirar 
Del amor esquizoide de un amigo 
Del pétalo de los labios
Del más níveo amanecer
Del santo más pávido
Del valle de sal
Donde iremos a renacer

Del frío de la sombra
Del pabellón más oscuro
Del no menos difícil
Del mal de la flor
Del hombre sin sonrisa
Que se ha quedado sin color

Del inoportuno viento
Del bailar de la marea
Del mar y el hipnotismo
Del pavimento arenoso
Del polvo de las chicas que destilan en el corso

Del amigo de los huesos
Del señor que tiene un libro
Del valle de las canciones
Del verde fugitivo
Pájaro con alas que a volar nunca ha aprendido

Del inocuo mirar de la madre
Del padre que tiene que ver
Del impuesto caminar del hermano
Del asiduo capricho de salir
Para que alguna vez necesite volver

Aullido de cachorro
Cachorro aprendiendo a hablar
Hablar entre paredes
Que nunca va a terminar

No hace falta un final para terminar

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