ALVARO LUGOSI
a Allen Ginsberg
Medio siglo después puedo ver como las mentes mas brillantes (y encima tengo la maldición de que sean contemporáneos míos) están embobados en mamparas de cristal.
Desairar al sentimental. La única usanza que no aburre.
Pasan años ocultándose
Del hipnotizado mirar
Del amor esquizoide de un amigo
Del pétalo
de los labios
Del más níveo
amanecer
Del santo más
pávido
Del valle
de sal
Donde
iremos a renacer
Del frío de
la sombra
Del
pabellón más oscuro
Del no
menos difícil
Del mal de
la flor
Del hombre
sin sonrisa
Que se ha
quedado sin color
Del
inoportuno viento
Del bailar
de la marea
Del mar y
el hipnotismo
Del
pavimento arenoso
Del polvo
de las chicas que destilan en el corso
Del amigo
de los huesos
Del señor
que tiene un libro
Del valle
de las canciones
Del verde
fugitivo
Pájaro con
alas que a volar nunca ha aprendido
Del inocuo
mirar de la madre
Del padre
que tiene que ver
Del
impuesto caminar del hermano
Del asiduo
capricho de salir
Para que
alguna vez necesite volver
Aullido de
cachorro
Cachorro
aprendiendo a hablar
Hablar
entre paredes
Que nunca
va a terminar
No hace
falta un final para terminar
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