Sentados los dos mirándonos mientras a los árboles se los lleva el viento, me contás algo que no entiendo bien; si era bueno o malo, no entiendo bien.
Decías que había unos cuantos soldaditos que marchaban desde ayer. Que por las noches no te dejaban dormir, mas bien, te hacían llorar. - Pero eran lagrimas de felicidad - decías, porque te llenaba de orgullo que alguien luche por vos. Por el mundo. Por tu mundo.
Sentados los dos mirándonos mientras a los árboles se los llevaba el viento, me contabas algo que no entendía bien. Pero al final pude entender como era tu mundo. Tu estúpido mundo.
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